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Ficha técnica del cliente: qué anotar y para qué sirve

Marketing y fidelización

Por Bookeali · Trabajador de Bookeali

· 6 min de lectura

Contenido de este artículo
  1. Para qué sirve de verdad
  2. Qué anotar, por bloques
  3. La fórmula: anótala como se aplica
  4. Datos de salud: aquí hay que tener cuidado
  5. Cuándo se rellena
  6. Papel o digital
  7. Cómo usarla para vender sin que lo parezca
  8. Los errores habituales
  9. Por dónde empezar si hoy no tienes nada

La ficha del cliente es lo que separa "creo que la última vez usamos un 7.1" de saberlo con certeza. Cuesta un minuto por visita y es lo que hace posible que un color quede igual dos veces seguidas, aunque atienda otra persona.

Para qué sirve de verdad

Hay tres usos, y solo el primero es el obvio.

Repetir un resultado. Es el evidente. Sin fórmula anotada, cada color parte de la memoria de alguien, y la memoria falla justo cuando más importa: cuando ese profesional está de vacaciones.

Sostener una conversación. "El año pasado por estas fechas te hiciste unas mechas antes del verano, ¿repetimos?" no es un truco de venta: es servicio. Y sale de mirar la ficha treinta segundos antes de que entre por la puerta.

Defenderte. El día que alguien reclame un resultado, la ficha con la fórmula, los tiempos y lo que se acordó es lo único objetivo que vas a tener.

Qué anotar, por bloques

BloqueQué va dentro
IdentificaciónNombre, teléfono, correo. Cómo prefiere que le avisen.
TécnicoBase de partida, fórmula exacta, volumen de oxidante, tiempos, técnica aplicada.
Estado del cabelloPorosidad, canas y su porcentaje, tratamientos previos, decoloraciones antiguas.
SaludAlergias, sensibilidades, embarazo si es relevante, resultado de la prueba de sensibilidad.
PreferenciasCómo le gusta el flequillo, si tiene prisa siempre, si prefiere que no le hablen mucho.
ComercialQué producto se llevó, qué le recomendaste y no compró, cada cuánto viene.

Los dos bloques que casi nadie rellena son el de preferencias y el comercial, y son los que más se notan. Saber que a alguien no le gusta que le sequen con difusor es el tipo de detalle que hace que se quede diez años.

La fórmula: anótala como se aplica

"Rubio ceniza" no es una fórmula. Dentro de seis semanas eso no le sirve a nadie.

Lo que hace falta:

  1. Referencias exactas y sus proporciones. No "un 8 con un poco de ceniza": la mezcla concreta.
  2. Volumen del oxidante y cantidad.
  3. Tiempo de exposición real, no el del bote.
  4. Dónde se aplicó cada cosa: raíz, medios, puntas, si hubo cambio a mitad.
  5. Cómo quedó, en una línea. "Salió medio tono más cálido de lo previsto" vale oro dentro de dos meses.

Ese último punto es el que distingue una ficha útil de un registro muerto. La fórmula te dice qué hiciste; la observación te dice qué corregir.

Datos de salud: aquí hay que tener cuidado

Las alergias, las sensibilidades o un embarazo son datos de salud, y el RGPD los trata con más protección que un teléfono. Eso no significa que no puedas anotarlos: significa que hay condiciones.

Tres reglas prácticas:

Anota solo lo que necesitas para prestar el servicio con seguridad. Una alergia a un componente, sí. El diagnóstico médico que hay detrás, no.

Que el cliente sepa que lo guardas y para qué. Una frase clara en el momento de recogerlo, y la información de tratamiento de datos accesible.

Que no lo vea quien no lo necesita. Si el sistema permite limitar quién accede a según qué campos, úsalo.

Y una que es de sentido común y se incumple a diario: la ficha no se comenta en voz alta en el mostrador. Ni las alergias, ni el embarazo, ni por qué alguien dejó de venir.

Si trabajas con papel, esa carpeta tiene que estar bajo llave. Una caja de fichas encima del mostrador es un incumplimiento que además está a la vista de todos.

Cuándo se rellena

El momento correcto es durante el servicio, no después. La ficha que se deja "para el final del día" se rellena de memoria o no se rellena.

Lo que funciona en la práctica:

  • La parte técnica, mientras actúa el producto. Son minutos muertos.
  • Las observaciones del resultado, justo al terminar, con el cliente aún delante.
  • La parte comercial, al cobrar.

Y una regla de equipo que ahorra discusiones: el servicio no se cierra sin ficha. Igual que no se cierra sin cobrar.

Papel o digital

PapelDigital
Coste inicialCasi ceroEl del sistema
Buscar un datoMinutosSegundos
Consultarla antes de la citaRara vez ocurreEstá en la propia cita
Seguridad de los datosDepende de una llaveControl de acceso y registro
Si se pierdeNo hay copiaHay copia

La diferencia real no está en la tabla: está en si la ficha se consulta. Una ficha en una carpeta se rellena y no se vuelve a abrir. Una ficha que aparece dentro de la propia cita se lee sola, porque está donde ya estás mirando. Cuando el historial está pegado a la agenda, como en Bookeali, esa consulta deja de depender de acordarse.

Cómo usarla para vender sin que lo parezca

Con el historial delante, tres frases que funcionan y no suenan a venta:

  1. "La última vez te llevaste el champú de color, ¿te ha ido bien?" Abre conversación sobre un producto sin ofrecerlo.
  2. "Sueles venir cada siete semanas y esta vez han pasado diez, ¿quieres que te deje ya la próxima?" Recupera ritmo sin presionar.
  3. "El año pasado te hiciste mechas justo antes del verano." Recuerda una decisión propia del cliente, no una oferta tuya.

Ninguna funciona sin ficha. Y las tres suben el ticket medio sin que nadie tenga la sensación de que le están vendiendo algo.

Los errores habituales

  • Anotar el nombre comercial del color y no la fórmula. Cambias de marca y pierdes el historial entero.
  • Fichas duplicadas de la misma persona por un teléfono mal escrito. Normaliza el teléfono al guardarlo y busca antes de crear.
  • Copiar y pegar la ficha anterior sin actualizar. Es peor que no tener nada, porque es información falsa con apariencia de cierta.
  • Guardar datos que no usas nunca. Cada dato de más es una obligación de más y una utilidad de cero.
  • No anotar lo que salió regular. Es justo la información que evita repetir el error.

Por dónde empezar si hoy no tienes nada

No intentes reconstruir el histórico: no se puede y desanima. Empieza por los que vienen.

A partir de mañana, cada cliente que entre sale con ficha. En tres meses tendrás cubierto a casi todo el mundo que viene con regularidad, que es exactamente la gente para la que sirve.

Y en la primera visita de cada uno, aprovecha para completar lo básico. Es también el momento natural de hacerlo, porque el protocolo de primera cita ya incluye esa conversación.

Preguntas frecuentes

¿Puedo guardar alergias de mis clientes?

Sí, porque las necesitas para prestar el servicio con seguridad, pero son datos de salud y el RGPD les da protección reforzada: guarda solo lo imprescindible, informa al cliente de que los tienes y limita quién puede verlos.

¿Qué anoto de un color, exactamente?

Referencias y proporciones exactas, volumen y cantidad de oxidante, tiempo real de exposición, dónde se aplicó cada mezcla y una línea sobre cómo quedó. "Rubio ceniza" no sirve dentro de seis semanas.

¿Cuándo se rellena la ficha?

Durante el servicio: la parte técnica mientras actúa el producto, las observaciones al terminar y la parte comercial al cobrar. Dejarla para el final del día equivale a no rellenarla.

¿Fichas en papel o en el ordenador?

Lo decisivo no es dónde se guardan sino si se consultan. Una ficha que aparece dentro de la propia cita se lee; una que está en una carpeta, casi nunca.

¿Cuánto tiempo debo conservar los datos?

Solo mientras exista una finalidad que lo justifique. Define un plazo, escríbelo en tu política de privacidad y revísalo con tu asesor: conservar por si acaso, indefinidamente, no es una opción válida.

¿Qué hago con las fichas de clientes que ya no vienen?

Aplica el plazo que hayas definido y elimínalas cuando venza. Mantener datos de alguien que no vuelve desde hace años no tiene finalidad y sí obligaciones.

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