Fotos de clientes: qué permiso necesitas para publicarlas
Por Bookeali · Trabajador de Bookeali
· 6 min de lectura
Contenido de este artículo
El antes y después es el contenido que mejor funciona en un salón, y también el que más problemas puede dar. Publicar la imagen de una persona identificable sin su permiso no es un descuido menor: afecta a dos derechos distintos a la vez.
Qué está en juego
Cuando publicas la foto de un cliente entran en juego dos marcos que se solapan y que conviene no confundir.
La protección de datos. La imagen de una persona identificable es un dato personal. Publicarla es un tratamiento de datos, y todo tratamiento necesita una base legal. En un uso promocional como este, en la práctica esa base es el consentimiento.
El derecho a la propia imagen. En España está protegido por la Ley Orgánica 1/1982, sobre el derecho al honor, a la intimidad personal y familiar y a la propia imagen. Es un derecho de la persona, independiente de la normativa de datos, y también requiere autorización.
La consecuencia práctica es que no basta con una de las dos cosas. Y que el consentimiento tiene que ser real, no una casilla escondida en un formulario que nadie lee.
El consentimiento del servicio no sirve
Este es el error más extendido y el más fácil de cometer sin mala intención.
Cuando un cliente te da su teléfono y su correo para gestionar su cita, te los está dando para esa finalidad. Publicar su foto en Instagram es una finalidad distinta, y requiere un permiso distinto.
Es exactamente el mismo principio que separa el consentimiento para recibir la confirmación de una cita del consentimiento para recibir promociones: una finalidad, un consentimiento. Mezclarlos es lo que invalida los dos.
Qué tiene que cubrir
Sin entrar en fórmulas concretas —eso lo tiene que revisar tu asesoría o tu delegado de protección de datos—, un consentimiento válido para este uso debería dejar claro al menos:
- Quién trata la imagen: el nombre del negocio, no "la peluquería".
- Qué se va a publicar exactamente: foto, vídeo, con cara o sin cara.
- Para qué: promoción del salón. No una finalidad vaga tipo "usos comerciales".
- Dónde: los canales concretos. Instagram, TikTok, la web, los estados de WhatsApp. No "redes sociales" en general.
- Durante cuánto tiempo, o hasta que se retire el consentimiento.
- Que puede retirarlo en cualquier momento y cómo hacerlo.
- Que negarse no tiene ninguna consecuencia sobre el servicio ni sobre el precio.
Ese último punto es el que hace que el consentimiento sea libre, y sin libertad no hay consentimiento válido. Si alguien percibe que decir que no le va a costar algo, lo que has obtenido no vale.
Específico quiere decir específico
Un permiso firmado hace dos años "para redes sociales" no cubre automáticamente un vídeo en un canal que no existía entonces, ni una campaña de pago, ni una valla publicitaria.
La regla práctica que evita casi todos los problemas: pide el permiso para el contenido concreto, en el momento de grabarlo. Es más trabajo que un formulario genérico firmado una vez, y es lo que de verdad te protege.
Y si vas a hacer algo distinto de lo habitual —publicidad pagada, un cartel en el escaparate, ceder la imagen a una marca— eso es una finalidad nueva y toca volver a preguntar.
Menores
Aquí hay que ser especialmente cuidadoso. La imagen de un menor tiene una protección reforzada, y el consentimiento no lo da el menor: lo dan quienes ostentan su representación legal.
Dos consecuencias prácticas para un salón:
- La autorización tiene que venir de quien corresponda legalmente, y conviene documentar quién la dio.
- Que el padre o la madre estén delante y no digan nada no es un consentimiento. Hay que preguntarlo expresamente.
Si tienes dudas sobre un caso concreto —custodias compartidas, quién puede autorizar— consúltalo antes de publicar, no después. Y ante la duda, no publiques: el contenido de un corte infantil no compensa el riesgo.
El fondo, que se olvida siempre
Puedes tener el permiso perfecto de la persona a la que estás peinando y estar publicando a otras tres que salen detrás sin enterarse.
Es el fallo más frecuente y el más fácil de evitar:
- Encuadra hacia una pared o hacia un puesto vacío.
- Graba en horas de menos gente cuando el plano sea abierto.
- Revisa el vídeo antes de publicarlo, no solo el sujeto principal.
Y si alguien sale de fondo y es identificable, o se recorta o se pide permiso también.
Si te piden retirarla
El consentimiento se puede retirar en cualquier momento, y retirarlo es tan fácil como darlo. Cuando ocurra:
- Retíralo cuanto antes y de todos los canales donde esté, no solo del que te mencionen.
- No pidas explicaciones ni intentes convencer. No hace falta motivo.
- Anótalo, para que nadie del equipo lo vuelva a publicar en un recopilatorio dentro de seis meses.
- Confírmaselo cuando esté hecho.
Ese tercer punto es el que más falla en la práctica. Si el permiso y su retirada no están registrados en algún sitio que se consulte —por ejemplo junto a la ficha del cliente—, la foto reaparece el día que alguien monta un vídeo con lo mejor del año.
Cómo pedirlo sin que sea incómodo
La incomodidad viene casi siempre de pedirlo mal: de golpe, con un papel largo y en el mostrador.
Lo que funciona es pedirlo en el momento en el que el resultado acaba de gustar, con naturalidad y dejando la puerta abierta a decir que no:
"Ha quedado genial. ¿Te importa que le haga una foto para enseñarla en Instagram? Si prefieres que no, ningún problema."
Esa última frase no es cortesía: es lo que hace que el consentimiento sea libre. Y luego, formaliza lo que has acordado por el medio que hayas establecido con tu asesoría.
Qué conservar
Tienes que poder demostrar que obtuviste el consentimiento. Eso significa guardar constancia de quién lo dio, cuándo, para qué contenido y para qué canales.
Lo importante no es el formato —papel, digital o dentro de tu sistema de gestión— sino que sea localizable. Un consentimiento que existe pero que nadie encuentra el día que hace falta no sirve de nada.
Y guarda también las retiradas, con su fecha.
Una recomendación final
Nada de este artículo sustituye a una revisión profesional. La normativa de protección de datos y la de derecho a la propia imagen se aplican a casos concretos, y el tuyo puede tener particularidades.
Lo razonable es revisar con tu asesoría o con un especialista en protección de datos el texto que uses para pedir el permiso y cómo lo registras, una sola vez, y quedarte tranquilo. Y consultar la información que publica la Agencia Española de Protección de Datos, que es la fuente oficial en esta materia.
Es de las pocas cosas de un salón donde una hora de asesoramiento evita un problema que no se arregla con una disculpa.
Preguntas frecuentes
¿Necesito permiso si no se le ve la cara?
Si la persona es identificable, sí. Y muchas veces lo es por el entorno, el pelo o la ropa aunque no se le vea el rostro. Ante la duda, pide el permiso.
¿Me sirve el consentimiento que firmó al darme sus datos?
No. Los datos que te dio para gestionar su cita tienen esa finalidad; publicar su imagen es otra distinta y requiere un consentimiento propio.
¿Vale un permiso genérico "para redes sociales"?
Es débil. El consentimiento debe ser específico: qué contenido, para qué y en qué canales concretos. Lo más seguro es pedirlo para cada contenido, en el momento de grabarlo.
¿Qué pasa con los menores?
Su imagen tiene protección reforzada y la autorización la dan quienes ostentan su representación legal, expresamente. Que estén delante y no digan nada no es un consentimiento.
¿Y si sale gente de fondo?
Necesitan permiso igual si son identificables. Encuadra hacia una pared o un puesto vacío, y revisa el plano completo antes de publicar, no solo al protagonista.
¿Qué hago si un cliente me pide que retire una foto?
Retirarla cuanto antes de todos los canales, sin pedir explicaciones, anotarlo para que nadie la republique y confirmárselo. El consentimiento se puede retirar en cualquier momento.